Cambiaformas: Mundos y Cabezas: Conversación entre Noé Cuéllar y Tomás Ybarra-Frausto

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(Reprinted with permission of Cultivarte Laredo.)

The following is an edited excerpt of a transcript of a conversation, in Spanish, between artist/researcher Noé Cuéllar and Chicano scholar Tomás Ybarra-Frausto. Their encounter took place in San Antonio, Texas on May 9, 2022, during Cuéllar’s Cultivarte Laredo C-Studio Residency as Nestor.

Their conversation revolves around transformations: Nestor’s artwork developed during the residency, and Ybarra-Frausto’s life-long research into Chicano culture, including his essay, Rasquachismo: A Chicano Sensibility. Touching on shifting histories, childhood memories, and the power of symbols, their encounter raises questions about artistic perceptions and cultural identities, and the multiplicity of their viewpoints.

Noé Cuéllar is an artist/researcher originally from the South Texas and Northern Mexico border. Collected in Future Vessel, his work centers on acoulogical experimentation and (post)phenomenological investigations, as both art and artistic research. In 2009 Cuéllar co-founded Coppice with sound artist Joseph Kramer, a duo for musical experimentation and the artistic documentation of that process. Previously praised as “rich and highly abstract,” “volatile,” “bewildering,” and “a universe unto itself,” Coppice’s varied works include sound installations, performances, visuals, writing, and software. These have been presented at numerous venues in the United States, and published by multiple artist-run labels worldwide. Since 2018 Cuéllar has created and presented solo artworks as Nestor, investigating the perception of objects and how transformations of presence occur between their direct viewing, and the viewing of their representations.

Tomás Ybarra-Frausto is an academic who has provided leadership in the area of Chicano art since the 1970s and who has influenced subsequent generations of scholars. Though developed by Ybarra-Frausto in the mid-1980s, his seminal essay Rasquachismo was later reprinted in the 1991 exhibition catalogue, Chicano Art: Resistance and Affirmation (CARA) and retitled, Rasquachismo: A Chicano Sensibility. In his incorporation of popular cultural expressions, Ybarra-Frausto set the stage for other scholars to expand upon this pivotal essay and investigate the inherent tension between the public and private sphere within Chicano (and later, Chicana) art. It is also one of the first essays to articulate the hybrid nature of Chicano art. Other Chicano scholars have revisited the concept more recently, including Ramón García in Against Rasquache: Chicano Identity and the Politics of Popular Culture in Los Angeles, 1998, and Amalia Mesa-Bains in Domesticana: The Sensibility of Chicana Rasquache, 1999.

Tomás Ybarra-Frausto’s Rasquachismo (1989): 

  • Very generally, rasquachismo is an underdog perspective — a view from los de abajo. An attitude rooted in resourcefulness and adaptability yet mindful of stance and style. 
  • Rasquachismo presupposes the world view of the have-not, but is also a quality exemplified in objects and places (as rasquache car or restaurant), and in social comportment (a person can be or act rasquache).
  • Mexican vernacular traditions form the base of rasquachismo, but it has evolved as a bicultural sensibility among Mexican Americans. On both sides of the border, it retains an underclass perspective.

Nestor, “Stereo,” configuration of objects, 2022. Metal bases, mirrors, glass frame, actual and fake candles, playing cards, plastic doll, spring, cork, $1? (50¢ actual and 50¢ play money). 13″ x 13″ x 25″.

Noé Cuéllar: Últimamente me atrae mucho el trabajo del filósofo Don Ihde. Él es un fenomenólogo que estudia la experiencia de la escucha. Dice que escuchamos no solo con los oídos sino también con los ojos. Cuando vemos un objeto detenido, dice, el silencio se revela a través de la vista. Es un silencio el que observamos. Hay cosas que hacen sonido cuando se mueven, cuando chocan, y eso también es parte de la observación de las causas del sonido. También escuchamos sonidos sin ver sus causas… todo esto es muy común. Me llama la atención la idea de poder percibir silencios a través de ver cosas que no se mueven. Eso me inspira bastante.

Me he puesto a experimentar configuraciones de objetos encontrados. Cosas compuestas en forma silenciosa, en composiciones visuales. No son esculturas o fotografías como tal. Para mí son un silencio, un escuchar a una composición en el sentido de Ihde. Comencé a experimentar con todo esto estando en Laredo, entre viajes, visitando. Al principio me parecía algo insignificante, pero comenzó a crecer. Al mostrarle el trabajo a una compañera me dijo ‘esto es interesante como filosofía pero también tiene algo de rasquachismo.’ Me dio risa porque sé bien lo que es ser rasquache, y diría que he internalizado esa ‘sensibilidad,’ cómo usted le llama, muy naturalmente. Me dió risa porque pensé que al decir rasquache se refería a algo mal hecho o simple, pero me recomendó leer su trabajo y así lo descubrí. Encontrar su definición del rasquachismo fué como encontrar una llave para comprender parte de mi identidad cultural, localmente, cuando anteriormente no me sentía muy relacionado, más bien en constante fricción y apartamiento. Pienso que el rasquachismo en mi trabajo refleja a la ciudad. Al leerlo a usted, Laredo, Texas me parece una obra maestra rasquache. Es la capital rasquache, no San Antonio. Es una forma rasquache más cruda.

Con este trabajo trato de hacer algo especialmente para los ojos en movimiento, al estar aquí o allá, todo cambia: los reflejos, la luz, la profundidad, lo que es para mi una analogía de la escucha. Estamos rodeados de sonidos y sus reflejos, la direccionalidad de la vista y la presencia. Busco que importe el estar de una persona en el tiempo y el espacio de una composición. Las fotografías ilustran, pero pierden mucha dimensión. El ver tiene que ver con el movimiento del cuerpo completo. Pienso en lo que hago como una especie de arte rasquache, pero a la vez es algo opuesto, un interés de investigar algo de pureza. Me gustaría platicar de esto. Lo que pudiera ser el punto de vista presente, no el de 1989, de la sensibilidad rasquache, y el hecho de que esta se da naturalmente, sin cálculo, a la vez transformándose en otra cosa.

Exhibition catalog for Chicano Aesthetics: Rasquachismo, 1989, organized by MARS (Movimento Artistico del Rio Salado), an artspace in Phoenix, Arizona.

Tomás Ybarra-Frausto: Es interesante porque cuando escribí ese ensayo no pensé que iba a tener la resonancia que ha tenido por casi 30 años. Hay gente que escribe de rasquachismo en términos de la moda, en términos de las migraciones, en términos de la urbanidad, de muchas cosas, y yo no tenía ninguna idea. Me han enseñado mucho a elaborar la idea dentro de diferentes modalidades, de historia, de cultura, de música, de muchas cosas, y me ha interesado muchísimo. Y siguen. Hay una frase muy famosa que dice ‘Juan Rulfo se vuelve más famoso con cada libro que no escribe.’ Yo digo que ‘Tomás Ybarra-Frausto se vuelve más famoso con cada ensayo que no escribe.’ Hace mucho tiempo no hago algo y me siguen llamando. Mucha gente conversa. Ahora la nueva configuración de nuestras culturas, lo que le llaman Latinx, o la nueva generación… hubo una fiesta de moda y le llamaron ‘rasqua-chic.’ Están usando la palabra de diferentes maneras, eso para ellos es lo que es rasquache Ya no era lo que yo dije, sino en aumentación, crear ropa, ornamentación, joyas, de todo. Fueron hombres y mujeres que usaron el término modista. Esto me interesó mucho. Fuí a ver la muestra y me abrió los ojos a cosas que no había pensado. 

Hay también una contra-fuerza, ensayos anti-rasquache, en contra de esa visión. Me gusta mucho que haya conversación. Obviamente una manera puede ser de otra también. La idea [de rasquachismo] nació cuando leí un ensayo de Susan Sontag, “Notes on Camp,” la idea de camp es de transformación. Un travesti es un hombre que se transforma en lo que pudiera ser una visión de una mujer pero de forma muy exagerada. La base del rasquachismo es una transformación, una cosa que se convierte en otra cosa. La transformación me parece muy interesante. El rasquachismo nace de una realidad de pobreza. Nací de padres trabajadores en San Antonio, y cuando era niño oía los árboles rozando el techo de mi casa. En mi cama yo me sentía muy agusto porque en otoño o invierno hacía viento, y acurrucado y calientito oía ese rumor de afuera. Me interesaba mucho despertar y ver los árboles moverse, algo visual y auditivo mezclado.

Pensé que también en muchas familias mexicanas, al menos aquí en San Antonio, cuando los padres le explican a uno algo que uno no conoce, o que ve… por ejemplo en mi casa habían muchos calendarios porque las tiendas al final del año los daban a los clientes, y tenían siempre una estampa arriba, muy folclórica y mexicana. Yo no comprendía y le preguntaba a mi mamá por qué era así y me decía ‘eso es una mitología mexicana, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl,’ y me contaba esa historia. Una vez había dos jóvenes que se querían pero eran de diferentes clases, no querían que se casaran, él se robó a la chica, se la llevó a la montaña para estar solos, juntos, y afuera de todo porque la quería mucho. Con el tiempo los dioses, viendo que tenían un gran amor, los convirtieron en volcanes. Él la está cuidando, y ella es la mujer durmiente. La forma del volcán es como una mujer, y él está al lado.

Jesus Helguera “La Leyenda de los Volcanes,” 1940.

Pero yo estaba viendo, y estaba oyendo, me entraba por los sentidos y por los ojos. Por eso yo pensé que el rasquachismo era algo auditivo y visual, no uno y el otro pero las dos cosas combinadas. Me interesa mucho el sonido, la vista, y el silencio. Aprende uno mucho. Mi mamá se levantaba muy temprano a hacer tortillas de harina, yo oía el sonido del palote y me sentía muy apapachado por mi mamá que me estaba haciendo de comer. Era para mí la comida, yo iba a comer la tortilla, ¡ya la estaba hasta soñando! El oído y el palote me hacían casi oler las tortillas. Este es uno de los reflejos. 

Cuéllar: Tiene mucho que ver la infancia en todo esto. ¿Tendrá que ver el rasquachismo con la nostalgia infantil? De cierta forma hacer un señalamiento mal escrito pudiera parecer algo inocente, el no saber exactamente cómo hacer algo. Es más bien acerca de la comunicación y su falta, lo que se lee y no la forma en que está escrito. O al revés.

Me llama mucho la atención que usted identifique al rasquachismo como transformación. Uno de mis primeros trabajos en Laredo cuestiona lo que es hacer arte en una ciudad como esa, donde no hay mucho interés por el arte, o lugares para él… es algo que da igual. No se piensa en él. ¿Qué significa para mí crear aquí? El arte tradicional está ‘enmarcado,’ dentro de algo. Yo quiero hacer algo que exprese que algo está fuera de marco. Utilizo marcos vacíos, marcos tapados, sin imágenes. Una de las primeras configuraciones que hice fue un marco de vidrio vacío, para ver a través de él, detrás, un trozo de madera petrificada, un objeto para mí muy especial porque ha retenido su forma al haber cambiado de materia. Tiene connotaciones mágicas, ancestrales, y es un fenómeno natural increíble. Como configuración o composición, ves fuera, alrededor y a través del marco algo que una foto, o el marco no puede contener del todo. La madera petrificada es un objeto hermoso tridimensionalmente. Es como decir ‘no se vale ver esto solo de un lado.’ Tiene muchos lados, cambia con la luz, con la humedad…

Si acaso esta resonancia con el rasquachismo tiene que ver con una sensibilidad hacia la transformación, esto para mí se vuelve más emocionante. Y a la vez es obvio porque el arte en sí es transformación. La percepción es transformación. De eso se trata. No todos los artistas se preocupan por esto. 

Por mi parte, me pregunto en dónde está la técnica en todo esto. El rasquachismo no se puede premeditar, porque si no se vuelve un artificio. Cuando me digo ‘configuraré un marco y un trozo de madera petrificada’… la técnica no está en los objetos, pues ni siquiera los hice, uno es orgánico y el otro es industrial derivado de lo orgánico. La técnica es más bien perceptual. Todo esto me acerca al rasquachismo porque el rasquachismo también es perceptual. Nosotros podemos admirar algo por ser rasquache, y para alguien más puede ser basura, o nada. 

Ybarra-Frausto: Yo no conozco Laredo. Donde yo vivo vive una profesora que es de Laredo. Ella va mucho a Laredo porque tiene familia allá, y me cuenta como es la ciudad. Le parece que Laredo es un sitio específicamente donde hay un choque de múltiples culturas, múltiples sensibilidades y cosas en proceso. El choque de diferentes sensibilidades están transformándose, pero todavía no se sabe qué es lo que va resultar, siendo una ciudad fronteriza, y no solo de dos países. Tiene algo histórico, antes del presente ya habían personas de otros lugares cruzando fronteras y muchos se quedaron ahí. Yo conozco más El Paso, ahi hay una gran comunidad de judíos sefarditas, gente Europea que se quedó y ahora se siente y es mexicana, pero su base es de otra cultura. Todo ese revoltijo de culturas en proceso es algo cambiante, como una esfera que se ve de una forma, cambia, luego se ve de otra.

Cuéllar: El centro histórico, donde tengo mi estudio, en algún tiempo era bello. A finales de los 70 se abrió un mall, y el centro se descuidó mucho. Hasta la fecha, vas a unas de esas tiendas y encuentras productos de los 70s, amarillentas, como cápsulas del tiempo, pero también de culturas. No son productos mexicanos. Es la gente mexicana que cruza a comprar muchas de estas cosas, incluso para cruzarlas y venderlas en el lado mexicano. Es una transformación internalizada por la gente que decide buscar, encontrar, revender. A pesar de ser una actividad Laredense, una ‘cultura de Laredo’, la misma ciudad parece negarla. Esta idea de ‘los otros’ parece ser muy voluble. Por otra parte el mall también es voluble, tiendas abren y cierran. ¿Por qué? La gente prefiere lo sencillo. Es una cultura ‘drive-through,’ en carro, express. Me pregunto si estas transformaciones culturales son sustentables. Y ni se diga, las drogas, el crimen y corrupción que también identifican mucho a no solo Laredo, también de forma negada. Es una ciudad de muchas sombras, ¡y de mucho sol!… no sabes dónde cubrirte mas que en el mall… ¡a huir del sol!

La mayoría del arte que he hecho no lo pienso como algo personal. No es un arte ‘mexicano-americano,’ es algo más abstracto. La atención está más bien en los instrumentos, los procesos, los fenómenos, y no tanto en la historia personal. Por primera vez lo que hago ahora es un reflejo cultural local, pero también una investigación propia, ¿soy de este lugar? ¿qué significa eso?

Ybarra-Frausto: En términos de identidad, ¿cómo te identificas?

Cuéllar: Difuso. Aquí las fronteras son muy marcadas: o ‘no queremos a los mexicanos’ o ‘pinches gringos.’ Hay ambigüedad incluso en el concepto ‘Chicano,’ el cual no se usa mucho por aquí en donde es común la migración. El sentido de identidad propia cambia mucho de persona a persona y no siempre es claro. 

Ybarra-Frausto: Absolutamente. Tenemos ese dicho, ‘cada cabeza es un mundo.’ No todos somos iguales. Estoy trabajando ahorita en una exhibición que va venir a San Antonio en octubre, sobre La Malinche, quien tiene que ver con lo que estamos platicando. Es una figura muy ambigua. La Malinche al mismo tiempo de ser una vende-patria se casó con Cortés. De alguna manera tuvieron una relación ‘amante,’ pero fue madre de sus hijos. Orozco pintó a La Malinche y a Cortés sentados y de las manos. Por una parte refleja la conexión, pero por otra parte la nación mexicana apenas se formaba. Ella era morena. Él blanco, sentado, sin genitalia, castrado. Al tomarla de la mano, acariciándola, también la empuja hacia atrás como diciendo ‘yo estoy al frente, soy el conquistador.’ Hay mucha ambigüedad. Al menos tuvieron una conexión para tener tres hijos, dos niños y una mujer. Pero por otra parte, Cortés no le llamaba María, Malinche, ni Malintzin, le llamaba La Lengua porque ella o estaba ayudando a los Náhuatl, a su gente, o estaba ayudando a los españoles. Unos piensan que ayudaba a los Náhuatl, y en ese sentido es una heroína, una Eva en un Edén nuevo. Otros piensan que es lo opuesto.

José Clemente Orozco, “Cortés y la Malinche,” mural on the ceiling o el Antiguo Colegio de San Idelfonso, Mexico City, 1923-1926.

Yo me pregunto acerca de la ambigüedad de los mestizos. Leí el ensayo de Octavio Paz sobre el mestizaje y sobre la chingada. Marina, La Malinche, al abrirse a Cortés, Cortés la penetró, la raptó, y de ese rapto nacieron los mestizos. Ese acto tan terrible, ese trauma de ese momento sigue con nosotros. Octavio Paz tiene toda una teoría sobre los mexicanos, lo abierto y lo cerrado. Abrió sus piernas para que Cortés la penetrara, pero al mismo tiempo, en otros textos de los códices dicen que ella sabía que eso iba a pasar, entonces agarró chile, y se lo puso en la vagina. Cuando Cortés la penetró le dolió mucho. Al mismo tiempo que hubo el orgasmo, cuando nació… terrible, terrible, terrible, terrible… quería venganza de lo que estaba pasando… que ella lo hacía para él. No era una mujer abnegada, tenía fuerza. Muchas de las jóvenes escritoras, poetas, escriben sobre La Malinche no como una vende-patria sino como una heroína, como una madre, como una mujer que era audaz y fuerte.

“El mexicano no quiere ser ni indio, ni español.

Tampoco quiere descender de ellos. Los niega.

Y no se afirma en tanto que mestizo, sino como

abstracción: es un hombre. Se vuelve hijo de la

nada. Él empieza en sí mismo.”

  • Octavio Paz, El laberinto de la soledad

Lo digo porque también en esas ambigüedades y revolturas podemos pensar en cosas mitológicas muy antiguas que son la base de todo esto. No podemos escaparlas. Jung dice que son símbolos. Puede ser un objeto y cuando ese objeto lo toca a uno a veces le resuena porque significa todo lo que hay detrás. Todo esto me parece muy interesante porque mucha gente no sabe toda la historia de La Malinche, sino solo lo que la historia tradicional…

Cuéllar: …las historias para niños. 

Ybarra-Frausto: Exactamente porque hay libritos hechos por el gobierno para niños que tienen la imagen de La Marina, y es lo que aprendían en primaria. 

La idea de mestizaje también es importante porque cuando vinieron los españoles no todos hablaban español, hablaban gallego, vasco, castellano. Mi abuelo todavía hablaba vasco cuando yo nací en un rancho. Mi abuela, su esposa, era una indígena y él un vasco. Los españoles llegaron a México y los indígenas Náhuatl no eran iguales que los Mayas, no eran iguales que los Totonacas. Había todo este mestizaje en el mundo nuevo y en el mundo viejo. Los dos mestizajes se mezclaron y el resultado es un casi incomprensible mestizaje que somos nosotros.

Por el imperialismo, este país trata de decir ‘esta es la base,’ y todos tenemos que re-pensar todo eso. El primer lenguaje europeo que se habló en lo que ahora es Estados Unidos no fue inglés, fue español. Todo eso cambia el sentido de la historia de este país y de nuestra presencia en este país. Se habla de peregrinos pero para ese entonces los españoles ya estaban aquí para recibirlos. Entonces ¿quién es ‘el ilegal’?

Un artista, creo yo, debe experimentar con estos elementos de alguna forma artística. Es lo que hacen los artistas más interesantes. Los que solamente pintan lo que ven no captan todo lo demás. Los que trabajan interseccionalmente piensan que eso les ayuda a tratar de llegar a lo que quieren decir. Es un experimento que todavía no tiene fin. Es un proceso. Por eso me interesa mucho el arte. 

Nestor, “Black Pepper,” digital photograph, 2019. Flower, fake flower, frame mats, cards, boards, acoustic foam.

Cuéllar: Yo busco traer a un mismo espacio perceptual algo original y algo artificial. Una forma es a través de juntar velas de cera con velas de batería, o flores con flores de plástico. Las uno para cuestionar sus planos. 

Una vez me invitó mi mamá a acompañarla al panteón a dejar flores en la tumba de un pariente. Primero fuimos a una tienda donde comenzó a escoger flores de mentiras. Yo me sorprendí cuando me dijo que las flores de verdad ya no son permitidas en los panteones. Esto me estremeció mucho, no por la relación con el pariente, sino por ver a mi mamá aceptar una realidad artificial. El ritual realmente es el cambio, el objeto orgánico en transformación. Pero llevamos las flores de mentiras y así fue. A través de los años me he preguntado si ese fue un ritual o no. Si el ritual se nos ha escapado, robado. Si el ritual se disecó y se perdió. O si acaso fue no un ritual sino algo teatral, una actuación. Al juntar flores de verdad y de mentiras me pregunto si acaso el arte puede ser el contexto en el que el ritual puede de alguna forma regresar. ¿Qué significa juntar una docena de flores cuando la mitad son de mentiras? 

A una cuadra de mi estudio hay una tienda especializada en flores de mentiras, e incluso se encuentran flores de mentiras con olor. ¡Con olor! Me parece grave que esto pase desapercibido… el decir ‘solo dame la forma, el olor’… y no la esencia, las moléculas, la transformación, la belleza de las flores reales en su momento. 

Aún así… apenas ayer fue el día de las madres, hubieron flores de verdad en la casa, el 10 de mayo planeo comprarle flores a mi mamá porque eso la hará contenta. Jamás se me ocurriría regalarle flores de mentiras… no son canjeables en ese día. En los cumpleaños tampoco son canjeables las velas de verdad por las de mentiras. ¿En qué contextos si es canjeable algo de verdad por algo artificial? ¿Por qué para la muerte si es canjeable? Un artista de Laredo, Gil Rocha tiene una frase, ‘hay gente que tiene que morir para que le regalen flores.’ En este caso, hay gente que tiene que morir para que le regalen flores… ¡de mentiras!

Ybarra-Frausto: Todo esto puede ser un dilema, pero también puede ser una liberación. La comprensión de todo esto hace pensar que cada uno tiene que seguir su pauta. Como seres humanos tenemos una sensibilidad. 

Yo antes quería que todos entendieran, pero fui descubriendo que es imposible porque cada quien tiene su propia forma. Bueno, yo no pienso así. Cada cabeza es un mundo. Hay muchas cabezas y muchos mundos. Yo quiero tener muchas cabezas de muchos mundos, y entre todos esos mundos y cabezas yo ya he hecho mi selección de lo que es pertinente para mí. Tal vez es cuestión de años, tengo 85 ya. Con el tiempo ya no tengo tantas preguntas, he hecho mi paz con mi propia manera de ser, pero sigo muy interesado en ver la multiplicidad de posibilidades que artistas, especialmente, anuncian al mundo la posibilidad que muchos piensan que ya no existe, la posibilidad de otra manera de ser donde no sea igual que la presente. 

En términos políticos, para mí es seguir luchando por esa idea de que hay otro mundo. Es el otro mundo el que los artistas nos tratan de presentar. Los artistas son gente que no está contenta con las cosas como son, y quiere crear. Cada movimiento, como el Chicano, sigue esa idea: crear otro mundo, otra manera de ser humanos, realmente humanos, humanísticamente humanos.

(Reprinted with permission of Cultivarte Laredo.)

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